LATIDOS
ANNA GODBERSEN
La trágica ironía de que Henry tenga que portar el féretro de Elizabeth el mismo día en que debían casarse no hace sino alimentar los rumores y comentarios malintencionados.
Ambos jóvenes pertenecían a dos de las familias más ricas y poderosas de Nueva York, y parecían llamados a celebrar una boda de corte real. Pero el negro zarpazo de la muerte esconde sus razones, aquellas que el corazón dicta y ante las que el dinero, la gloria o la fortuna poco tienen que hacer.
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